– ¿No puedo quedarme más tiempo con ustedes? – decía Maxi con una expresión de tristeza.
– Maxi, sabes que esta es como tu casa también, ¿no? – le preguntó Jackson sonriente. Maxi asintió con su cabeza.
– Cuando quieras puedes venir, si quieres todos los días… pero, debes vivir con mamá. – le dije acariciando su cabello.
– Mamá no es como ustedes… – dijo y nos abrazó a mi novio y a mí. Lo miré enternecida, y noté que Jackson estaba igual.
– Por su puesto, nosotros somos mucho mejores y me alegro de eso, y tú también deberías estarlo – dije bromeando, pero con razón... es decir, Gracias a Dios, no era igual a mi madre. – Siempre me tendrás Maxi, siempre. Que no se te olvide, ¿sí? –
– Así es pequeño, yo también prometo estar ahí cuando me necesites, y cualquier día me llamas y puedes venir, sabes que no hay problema. –
– Claro, me llamas a mí o a Jackson, da igual. – le dije y luego tomé sus manos. – Ahora dame una sonrisa. – trató de sonreír, la comisura de sus labios se curvó un poco, pero muy, muy poco. Me puse en cuclillas para quedar a su altura – Vamos Maxi, esto no es una despedida, seguro nos vemos mañana o pasado, no te pongas triste o me harás llorar. – Le hice una mueca. Sabía cuánto odiaba verme llorar.
– ¡No! – dijo y me abrazó muy fuerte. – No quiero eso. –
– Bien, entonces debes estar contento, ¿sí? – sentí que asentía con su cabeza. – Genial, ahora llevemos tus cosas al auto. –
Como le había prometido a mamá, se lo llevaría hoy a medio día. Eran las 2 de la tarde, si, me tardé un poco… es que cocinamos todos juntos, fue como una despedida. Y en todo caso, no creo que a mamá le importe mucho… lo llevaré y es lo que cuenta.
Jackson cargó la mayoría de las cosas de Frankie, -que tampoco eran muchas, a lo más una mochila y dos bolsos pequeños- las puso en la maletera del auto.
– ¿Te puedes ir conmigo en el asiento trasero Nath? – me pidió mi hermanito.
– Por supuesto –
– Jackson no se pondrá celoso de mí, ¿verdad? – dijo en susurro cuando estábamos sentados en el asiento de atrás, y Jackson daba la vuelta al auto para subir al asiento del conductor, así que no escuchó. Yo sólo me reí.
– Claro que no. –
– Qué bueno. Por que si se pone como tú te pones cuando estás celosa… sería un gran problema. – Jack entró al auto y nos vio riendo.
– ¿Yo celosa?, ¿Cuándo me has visto celosa? – le pregunté a mi hermanito, siguiendo nuestra conversación. A veces este niño no parecía de 8 años…
– Si… cuando vino esa rubia. No te hagas… – comenzó a reír.
– ¿Nath celosa?, no Maxi, seguro estabas durmiendo… – bromeó Jackson con un tono irónico. Yo sólo los ignoré, porque sabía que no podía contradecirles.
Seguimos charlando en el camino sobre otras cosas y sobre cuándo podríamos fijar otra visita de Maxi a nuestra casa, pero mejor quedamos en que… cuando quisiera nos llamaba e íbamos a buscarlo y punto. No era nada difícil.
Nos bajamos del auto, cargando las pertenencias de Maxi y tocamos el timbre. Como de costumbre, mamá miró por la ventana de la cocina, que daba hacia fuera.
– ¡Maxi! – gritó cuando abrió la puerta y se apresuraba a abrir la reja, cuando lo hizo, se abalanzó a Maxi y lo abrazó muy fuerte. – ¡Mi pequeño!, te extrañe mucho. – Si claro, apenas vivía sin el… por eso no quiso ser masoquista y ni me llamó. ¿Cómo puede ser tan hipócrita?, bueno, no me sorprende. Lo que le dije ayer era verdad, no me sorprende nada que haga.
Entramos, y por suerte su noviecito no se encontraba en casa. Hablamos un poco, porque ella quiso disculparse por cómo se había comportado ayer. Como siempre le dije ‘Ok, da igual mamá’. Y me fui con mi novio devuelta a casa.
– Amor, no tienes planes para mañana, ¿verdad? – me preguntó Jackson en cuanto entramos a la casa.
– No, ¿por qué? –
– Nada. Pensé que podríamos salir… –
– Claro. –
Tuve un leve presentimiento de que algo olvidaba… pero supongo que no debe haber sido muy importante, si no, Jackson me hubiera acordado, él si tiene buena memoria.
En la tarde vimos películas y Jackson me comentaba de los chicos de la banda… cada día estaban más locos esos chicos, pero eran adorables.
– Sabes qué estaba pensando en algo… – dije de pronto.
– ¿En qué? –
– No tengo una polera de 100 Monkeys. – puse una cara de horror, Jackson se rió de mi.
– ¿Y? – preguntó divertido.
– Y soy la fan número uno, debería tener una… – fruncí el ceño. Era algo ridículo, pero realmente recién me había dado cuenta… ¿cómo soy tan mala novia?, mínimo tener una polera de la banda de tu novio de más de un año, ¿no?... qué desconsiderada.
– Ben conoce a una chica que diseña poleras, creo que he visto que tiene nuestras, si quieres le pregunto y… –
– Genial, me conseguiré con Ben. No te preocupes tú… – le di un pequeño beso.
– Bueno… como quieras. – rió. –
– ¿Qué es tan gracioso? –
– Tu repentina preocupación por la banda. –
– Lo dices como si fuera una chica sin corazón que no ama profundamente a su novio y a su banda… – dije con un fingido tono de horror.
– No es eso, pero… da igual si tienes una polera o no, sé que te gusta la banda, y vas la mayoría de las presentaciones y eres mi novia, no necesito una polera para recordarlo. – se encogió de hombros.
– Bueno, yo sólo quiero una polera… ¿es muy malo eso? – puse cara de inocente y me acerqué a él.
– No me mires así… –
– ¿Por qué? –
– Me haces sentir malvado. – rompí en risas. Malvado él… qué modesto, ¡es el mejor hombre que pisa esta tierra! -claro, porque mi papá ya no está, entonces él queda para otra categoría como el mejor- Sin Jackson no sé que habría sido de mi… lo más probable es que siguiera encerrada en esa casa, volviéndome loca con mamá… luego con la muerte de papá hubiera estado peor… y sin apoyo, -bueno, excepto el de mis amigas incondicionales- sería horrible, tendría una vida asquerosa. Jackson es la luz que ilumina cada uno de mis días, porque hasta el más tormentoso, a su lado es soleado… es definitivamente un pilar esencial en mi vida, y lo amo, como nunca antes amé a un novio.
Podría decir sin dudas… que es el amor de mi vida.
Owwwwwwwwwww *O* yo tbn qiero polera jummm ¬'! jaja! siguele ^^!
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