viernes, 27 de marzo de 2009

Chapter Number Eight:

Me puse la bata y salí de la habitación con mi celular. Al llegar abajo, me senté en el sofá de la sala, y marqué al número de casa. Supuse que a esta hora, Maxi estaría despierto. Crucé los dedos para que él me contestara, y no mi madre.

– Alo – dijo una voz de mujer. Rayos.

– Hola mamá, ¿me pasas a Maxi por favor? – dije tratando de ser lo más amable posible.

– Ah, Hola Nath, claro enseguida le llamo – dijo con un tono bastante simpático. – ¡Max!, ¡Te llama tu hermana! – escuché gritarle. Luego hubo unos pequeños segundos de silencio, cuando de pronto, me sorprendió – Y… ¿cómo estás hoy hija? – preguntó ella.

Bastante bien, gracias. – dije yo. Supongo que me hablaba para hacer tiempo. Nada más. Mamá no era así, de hecho ni si quiera contestaba tan cortésmente.

– Qué bueno. – hubo otro pequeño silencio. ¿Qué hacia Maxi que se demoraba tanto? – ¿Vendrás a vernos luego? –

– No lo sé mamá. –

– Mmm… – y no dijo nada más en un largo rato. – Bueno, cuídate mucho si, te quiero hija. Aquí viene tu hermano. – No pude decir nada, realmente me sorprendió algo su respuesta, algo le pasaba hoy.

– Qué hay Nath – dijo mi hermanito.

– Hey Maxi, ¿cómo estás para una salidita? – le animé.

– ¿Contigo y Jackson? –

– Pues… algo así, más o menos –

– ¿Cómo así? – dijo enojado. Yo eché a reír, recordando el rostro que debía tener, el ceño fruncido y mirando hacia el suelo, siempre hacía eso. Era algo frustrante para él no entender algo. Ya que siempre entendía la mayoría de las cosas. Era un niño bastante inteligente para su edad.

– Mira, ¿te parece si te vamos a buscar y luego te vamos a dejar donde un amigo? –

– Ok… le preguntaré a mamá. Espera – dijo él y luego sentí como dejaba el auricular sobre la mesa. Esperé ansiosa unos segundos. Pero no demoró mucho.

– ¿Nath? –

– Si Maxi –

– Mamá pregunta que si podrían quedar un rato acá cuando me vengan a buscar, creo que tiene algo que decirles –

– Eh… – dudé unos segundos, pero luego pensé, que quizás no sería tan malo, además es por una buena causa, todo por Soph. Ojala siga de buenas cuando vayamos. – Claro, por qué no. –

– Bueno, entonces nos vemos mas tarde –

– Ok, cuídate hermanito, te quiero –

– Yo también –

– ¡Ah!, Pasaremos en un par de horas después, ¿ok?... Es que todavía no desayunamos –

– ¿Todavía? Nath mira la hora. –

– Si, lo sé. No tardaremos mucho, ¿si? –

Está bien. Adiós. –

– Adiós –

Ambos cortamos. Y yo me quedé allí en el sofá inmóvil, frente a la TV apagada, pensando en qué sería lo que debía hablar conmigo mi madre. Y con Jackson. ¿Por qué estaba tan simpática? Algo hay que no entiendo. Realmente no es su comportamiento habitual.

Luego de unos segundos de pensar tanto, y darle vueltas al asunto, sentí unos pasos en la escalera.

– Nath, para ver televisión hay que prenderla primero – bromeó Jack.

– Lo sé –

– Entonces, ¿qué haces ahí? – tardé un rato en contestarle esta pregunta. Seguía un poco desconcertada.

– A la tarde vamos a salir con Maxi, ¿está bien? – hice caso omiso a su pregunta, ya que no sabía cómo responderle. Me paré del sillón, y me percaté de que estaba parado al lado de las escaleras, con rostro confuso. Al pasar por su lado, me sostuvo la mano, deteniéndome.

– ¿Pasa algo? – me dijo preocupado.

– No, nada, no me hagas caso. – Evité su mirada, solté su mano y mientras subía las escaleras le dije – Me iré a duchar. – Cuando le di la espalda creo que siguió allí inmóvil. Pero seguí mi camino y me dirigí al baño. Luego de ducharme un largo rato, creo que para sacarme la confusión y relajarme; ya que no había nada porqué preocuparse; eso creo, me vestí y peiné mi cabello. Cuando bajé, salía un olor muy bueno desde la cocina. Entré y ahí se encontraba él, de espaldas a mí, concentrado en la cocina.

– ¿Qué hay de desayunar? – pregunté mientras me sentaba en una silla.

– Nada especial – me dijo sin siquiera voltearse.

– Perdón si te disgusté antes… –

– No importa, si no quieres contarme no tienes por qué hacerlo. –

– No es eso. – dije apenada. – No es que no te tenga confianza ni mucho menos, sólo que en ese momento no te pude decir, es todo. –

– ¿Es algo grave? – ahora se dio vuelta, esperando mi reacción.

– No, sólo me sorprende que hoy mi madre anda de buenas y nos quiera ver para hablar – me encogí de hombros. Luego se dio volteó de nuevo a la cocina.

– Y… ¿sabes de qué se trata? –

– Ni idea, eso es lo que me preocupa, pero quizás solo sea una estupidez, o… no lo sé. Debo ser yo que me imagino muchas cosas, seguro no es nada. –

– Sí, te preocupas mucho. Deberías estar contenta de que tu madre aunque sea hoy está de buen humor. –

– Tienes razón – le dije junto con una sonrisa, que logró ver porque se dio vuelta en ese instante. Sacó unos panes que había tostado recién, al lado, muchas cosas para el pan y luego, sacó unos panqueques con manjar. Me sorprendió todo lo que había hecho tan rápido. O, ¿no fue rápido? Mmm… quizás me demore bastante arriba.

– Jackson, hiciste muchas cosas. – Le dije mientras lo observaba sentarse, esta vez a mi lado.

– Estás muy delgada, tienes que alimentarte – dijo con una sonrisa, se notaba que su humor había vuelto. Eso era bueno.

– Claro, muy delgada. Tú con que derecho lo dices, mírate… – lo apunté con una mano. Mientras comenzaba a examinarlo con la mirada. – Olvídalo, estás perfecto. No he dicho nada – me retracté luego. Mientras, tomé un panqueque y comencé a darle mordidas.

– Podría decir lo mismo… pero, si comieras más y engordaras solo un poco… – puso una mano en mi cintura – estarías más perfecta. –

–Ok, seguro tu petición se cumpla, se nota que no has notado cuánto como – reí.

– Bah, lo dices como si comieras como una cerda –

– Y así es – dije yo, sacando el segundo panqueque – Y si sigues mejorando en la cocina, empeoraré. – Ambos reímos.

– Asi que… – sacó un panqueque. Y me alegró, claramente no eran todos para mí, y si no sacaba pronto seguro me los comería todos. – Hoy iremos a la casa de tu madre –

– Así es –

– Y saldremos con Maxi a casa de su amiguito, el hermano de los tres chicos esos –

– Correcto – le dije mientras asentía con la cabeza. – Eso si… mamá quiere que nos quedemos un rato en casa, no tengo idea para qué, ¿podrás aguantarla unos minutos? – Claro que podré. Todo por ti. – dijo esto y luego besó mi mejilla.

– Gracias –

Luego seguimos comiendo, nos demoramos bastante en acabar con la mayoría de la comida que estaba allí en la mesa.

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